Antibióticos
Hoy vamos a hablar un poco de unos medicamentos que todos conocemos y que casi todos hemos consumido en algún momento de nuestra vida. Vaya por delante que en este post no vamos a hacer una clasificación en profundidad de los antibióticos que hay, sus clases, indicaciones y demás. Solo queremos saber un poco más de ellos y contribuir a su uso apropiado.
¿Qué es un antibiótico?
Es una sustancia química producida por un ser vivo o derivado sintético, que mata o impide el crecimiento de ciertas clases de microorganismos sensibles, generalmente son fármacos usados en el tratamiento de infecciones por bacterias, de ahí que se les conozca como antibacterianos.
Historia
El empleo de compuestos orgánicos para el tratamiento de infecciones se conoce desde la antigüedad. Existe constancia documental de la utilización de extractos de algunas plantas medicinales se han utilizado durante siglos, y también de los hongos que crecen en ciertos quesos para el tratamiento tópico de las infecciones.
El desarrollo empírico de los antibióticos y el conocimiento de su mecanismo de acción de no llegó hasta el siglo XX. A principios de ese siglo, el bacteriólogo alemán Rudolf von Emmerich descubrió un preparado capaz de destruir las bacterias del cólera y la difteria en un tubo de ensayo. Sin embargo, no era eficaz en el tratamiento de las enfermedades. Unos años después, el físico y químico alemán Paul Erlich probó decenas de sustancias químicas capaces de en un afán por atacar de manera selectiva a los microorganismos infecciosos sin lesionar al organismo huésped. Su trabajó desembocó en el desarrollo, en 1909, del salvarsán (“arsénico que salva”), un compuesto de arsénico con acción selectiva frente a las espiroquetas, las bacterias responsables de la sífilis. El salvarsán fue el único tratamiento eficaz contra la sífilis hasta la purificación de la penicilina en la década de 1940.
Pese a estos antecedentes, se considera que la Historia de los antibióticos comienza en realidad en 1928 cuando un científico británico, Alexander Fleming, descubre accidentalmente la penicilina. Fleming notó que un moho que contaminaba una de sus placas de cultivo había destruido la bacteria cultivada en ella. Sin embargo, transcurrieron diez años hasta que pudo ser concentrada y estudiada gracias al trabajo de otros científicos, entre ellos Howard Florey y Ernst Chain.
El primer antibiótico empleado en humanos fue la tirotricina, aislada de ciertas bacterias del suelo por el bacteriólogo americano René Dubos en 1939. Debido a su toxicidad su uso era exclusivamente tópico (uso externo, solo aplicado en la piel).
Fue en la década de los 50 cuando comenzó el uso extendido de los antibióticos.
¿Cómo actúan?
Los antibióticos presentan distintos mecanismos de acción por una serie de mecanismos, con dianas terapéuticas (zona o proceso sobre el que actúan) en diferentes regiones de la célula atacada. A continuación se detallan los distintos mecanismos de acción.
A) Inhibidores de la síntesis de la pared celular. La pared celular es una estructura rígida que actúa de protección permitiendo a las bacterias soportar grandes presiones osmóticas. Esta estructura es característica de las bacterias, solo la tienen ellas, por lo que parece una diana muy apropiada. Al impedir que las bacterias fabriquen correctamente esta pared, este tipo de antibióticos provocan que la célula se rompa y muera. Pertenecen a este grupo las penicilinas, como la amoxicilina (Clamoxyl®) y las cefalosporinas, como la cefuroxima, (Zinnat®), fosfomicina (Monurol®) entre otros.
B) Antimicrobianos que actúan sobre membranas celulares. Alteran la capacidad de las membranas para actuar como barreras selectivas. Frecuentemente son sustancias bastante tóxicas pues también actúan sobre las membranas eucarióticas (las que tiene las células de nuestro cuerpo). Aquí estarían las polimixinas.
C) Inhibidores de los ácidos nucleicos. Generalmente impiden las síntesis de estos ácidos, con lo que evitan la multiplicación de las bacterias (para recordar lo que son los ácidos nucleicos, revisa nuestro post anterior). Son la rifampicina, las quinolonas como ciprofloxacino…
Resistencia a antibióticos
Muchas veces hemos oído hablar de la resistencia a los antibióticos, que las bacterias “se hacen resistentes”. Esto simplemente significa que el antibiótico deja de funcionar: no elimina a la bacteria cuando antes sí lo hacía. ¿Por qué? La base del desarrollo de las resistencias está en la selección de cepas resistentes. El antibiótico no induce resistencia, solamente selecciona. Es una interferencia en el proceso de selección natural. Donde antes se seleccionaban las bacterias más aptas para la supervivencia en el sitio del organismo de que se trate, en presencia del antibacteriano, sobrevivirán solamente aquellas variantes capaces de resistir a las concentraciones de antibiótico presentes en ese lugar. El antibiótico se convierte en el primer factor de selección.
¿Cómo logran las bacterias conseguir esta resistencia? El primer paso es una mutación que permite que algún mecanismo bacteriano cambie lo suficiente para que el antibiótico no pueda actuar. Sobre esta mutación actúa luego la selección ejercida por el antibiótico. Posteriormente, y de manera aún más importante, nos encontramos con la transferencia de material genético de unas bacterias a otras. Las bacterias son capaces de pasarse parte de su material genético de unas a otras y eso es lo que hacen con estas mutaciones que le confieren resistencia.
Existe en ocasiones un problema aún mayor: la multirresistencia. Se trata de microorganismos resistentes a varios antibióticos a la vez. Hay que recordar que esta multirresistencia sigue siendo transferible a otras bacterias. Y esta multirresistencia transmisible es muy importante, porque eso significa que si, por ejemplo, una bacteria multirresistente nos provoca una neumonía, los antibióticos de uso más común en esta enfermedad (“de elección”) pueden no valer para nada. Y si la multirresistencia es amplia, puede que tengamos realmente difícil el curarnos de esa neumonía (aparecen las llamadas superbacterias).
Reconmendaciones para usarlos bien:
El empleo racional y adecuado de los antibióticos provocaría que las resistencias fueran mucho más raras de lo que son en la actualidad. He aquí algunos de los errores más típicos en su uso:
1. Uso innecesario de antibióticos: es algo bastante frecuente y se debe a diagnósticos incorrectos o a automedicación. Hay que recordar que gran parte de las infecciones son de origen vírico y por lo tanto no responden a antibióticos
2. Dosis incorrecta: si la dosis es baja repercutirá probablemente en la selección de bacterias resistentes.
3. Intervalo prolongado entre dosis: esto provocará que las concentraciones de antibiótico caigan por debajo de las necesarias durante un período demasiado largo y eso llevará al fracaso terapéutico y a la selección de resistencias.
4. Duración del tratamiento: esto es uno de los puntos más importantes. Si el tratamiento es demasiado largo, corremos el riesgo de seleccionar bacterias resistentes. Por otra parte, si el tratamiento es demasiado corto, seguramente fallará la terapia.
Esta muy bien 😀
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